Emociones y regulación
Miedos o preocupaciones intensas, ansiedad, tristeza, irritabilidad, baja autoestima, bloqueo o dificultad para reconocer y regular emociones.
Psicología infantojuvenil en Barcelona
Psicoterapia para comprender y tratar dificultades emocionales, conductuales o relacionales. La intervención se adapta a la edad y tiene en cuenta a la familia y el entorno.
Es un proceso psicológico adaptado a la edad, al desarrollo y a la forma de expresarse de cada niño, niña o adolescente. Permite comprender emociones, conductas, relaciones y experiencias que generan malestar o dificultan la vida familiar, escolar o social. El trabajo busca favorecer la expresión emocional, desarrollar recursos y mejorar el bienestar en la vida cotidiana.
No siempre consiste en sentarse a hablar. En infancia pueden utilizarse juego, dibujo, cuentos, movimiento o actividades estructuradas; en adolescencia pueden combinarse conversación, psicoeducación y herramientas prácticas. Cada recurso debe responder a objetivos explicados y compartidos.
La familia suele formar parte del proceso, aunque no todas las sesiones ni toda la información se comparten del mismo modo. La participación se ajusta a la edad, la madurez, las necesidades y la seguridad, respetando tanto la responsabilidad de los adultos como el espacio propio del menor.
Comprender antes de intervenir
El proceso cambia según la edad y el motivo de consulta, pero suele organizarse en cuatro momentos flexibles.
Recogemos qué preocupa, desde cuándo, cómo afecta al día a día y qué información del desarrollo, salud, escuela y entorno puede ser relevante.
Adaptamos el encuentro para conocer su punto de vista, fortalezas, dificultades y forma de relacionarse, sin exigir que explique todo con palabras.
Explicamos lo observado de forma comprensible y acordamos objetivos, participación familiar y opciones de intervención o derivación.
Revisamos cambios y dificultades. Con la autorización y prudencia necesarias, podemos coordinarnos con escuela u otros profesionales.

No hace falta esperar a que exista un diagnóstico. Conviene consultar cuando el malestar persiste, aparece de forma intensa o interfiere en la vida cotidiana del menor o de la familia.
Miedos o preocupaciones intensas, ansiedad, tristeza, irritabilidad, baja autoestima, bloqueo o dificultad para reconocer y regular emociones.
Duelo, separación, enfermedad, migración, cambios familiares, acoso, conflictos con iguales, aislamiento o dificultades de adaptación.
Rabietas o explosiones intensas, oposición persistente, impulsividad, conflictos frecuentes, dificultades con límites o rutinas y cambios relevantes de comportamiento.
Rechazo escolar, desmotivación, dificultades para concentrarse, malestar ante el rendimiento o señales de aprendizaje que pueden requerir también valoración neuropsicológica o logopédica.
Accidentes, pérdidas, violencia, abuso, negligencia u otras experiencias que continúan afectando a la seguridad, el cuerpo, el sueño, las emociones o las relaciones.
Cambios persistentes de sueño, alimentación, somatización o control de esfínteres que requieren una mirada conjunta y, cuando corresponda, valoración pediátrica o especializada.
La familia puede participar en entrevistas y recibir orientaciones para el día a día. En adolescencia se protege un espacio propio y se acuerda qué información se comparte, con las excepciones necesarias ante situaciones de riesgo u obligaciones legales.
La coordinación con escuela u otros profesionales se realiza según las necesidades, con las autorizaciones correspondientes y compartiendo únicamente la información pertinente.
Con niños y niñas, la sesión puede utilizar juego, dibujo, historias, materiales creativos, movimiento o actividades guiadas para expresar experiencias y practicar recursos de una forma adecuada a su desarrollo. El profesional observa, pregunta y da significado al trabajo sin interpretar cada juego de manera aislada.
Con adolescentes, la conversación suele tener más peso, pero también pueden utilizarse registros, recursos visuales, ejercicios de regulación o actividades prácticas. La persona joven puede preguntar, expresar desacuerdo y participar en los objetivos y el ritmo.
Algunas sesiones pueden incluir a madres, padres o cuidadores y otras realizarse de forma individual. La frecuencia, duración y combinación se acuerdan tras la valoración y se revisan según la evolución.

Puede valorarse para trabajar experiencias traumáticas, con preparación y un profesional con formación específica.
Puede valorarse como entrenamiento complementario según las necesidades, sin sustituir las intervenciones psicológicas, familiares, educativas o médicas indicadas.
Atiende dificultades de comunicación, lenguaje, habla, lectura, escritura o funciones orofaciales. Puede coordinarse con la psicoterapia cuando resulta útil.
No. Se puede consultar a partir de un cambio, un malestar o una preocupación. La valoración ayuda a entender qué ocurre y si la psicoterapia u otro recurso puede ser adecuado.
La primera visita marca el inicio del proceso terapéutico. Según la edad y la situación, puede realizarse con madres, padres o tutores, con el niño, niña o adolescente, o de forma conjunta. La organización se confirma antes de la cita.
Habitualmente sí, aunque de formas diferentes. Puede haber entrevistas familiares, orientaciones para casa o sesiones conjuntas. También se protege un espacio individual adecuado a la edad y a los objetivos.
Al inicio se acuerda cómo se compartirá la información. Se respeta la privacidad necesaria para construir confianza, a la vez que se informa a los adultos responsables sobre aspectos relevantes del proceso. Si existe riesgo para el menor u otras personas, o una obligación legal, puede ser necesario compartir información para protegerle.
No existe una duración universal. Depende de las necesidades, objetivos, edad, participación, evolución y contexto. El plan se revisa con la familia y con el menor de forma adecuada a su madurez.
Si algo os preocupa de vuestro hijo o hija, podéis contárnoslo. Os escucharemos y os ayudaremos a encontrar el acompañamiento adecuado para vuestra familia.